CUANDO LOS TRASTORNOS DE
NO DEJAN VIVIR.
Estaba agotada, cansada de tanto angustiar por la vida, ese estado de depresión y euforia que agobiaba el transcurrir de sus días, se hacían cada vez mas tortuosos.
Esa mañana se despertó muy tarde, una modorra se apoderó de su cuerpo, intentó levantarse, pues sabía que era lo que tenía que hacer, los ojos pesaban no podía abrirlos, intentó sentarse en la cama pero fue inútil sentía su cuerpo como pegado a las sábanas y al colchón. Se sentía desfallecer, trató de articular palabra, fue en vano su garganta estaba muda, intentaba gritar, su voz no salía.
Solo su pensamiento funcionaba, intentó relajarse, y se dejó transportar.
Sintió que se elevaba, mientras su cuerpo quedaba preso en la cama.
Ahora se sentía liviana, sin la carga de la mochila que llevó toda su vida, sobretodo este último tiempo, en que sus días eran un verdadero infierno.
Un camino luminoso se apareció de pronto.
Solo su resplandor la guiada hasta donde ella deseaba llegar.
Por la mañana encontraron su cuerpo sin vida, sobre las sábanas, una sonrisa se dibujaba en su rostro.
Su penar había terminado.
FIN
María Rosa Leoni
26-2-12
Ojalá todos terminemoos con una sonrisa. Sería ideal. Escribir sobre la "odiosa" sin nombrarla es un hallazgo literario de tu parte. Otra cosa por la que te admiro. Y van... "titantas".
ResponderSuprimirUn beso, Néstor
Una manera hermosa de escribir sobre la muerte, pero para mí la muerte no es otra cosa que dormirse y no despertar para ir a media noche a... €s como la televisión que está llena de vida y cuando la apagas, ahí se acabó todo.
ResponderSuprimirquerida María Rosa, es mas frecuente de lo que se piensa, que alguien que soporta mucho sufrimiento, cuando muere, su rostro presenta una gran tranquilidad. Hermoso tu relato y esperanzador para quienes pensamos que hay "algo mas" cuando se baja el interruptor de la materia. Felicidades. Un beso
ResponderSuprimirGracias MUCHACHOS por tan lindos comentarios, veremos que pasa el día que tengamos que partir.
ResponderSuprimirPena no poder volver para contarlo. esa es la gran intriga.
besos
Los quiero
María Rosa Leoni
Amiga Hermana, una vez más te atreves a escribir sobre este tema que tanto me cuesta abordar, aunque sé que es parte de la vida.
ResponderSuprimirMe gusta como lo haces, eres admirable.
Claro que sería bueno poder volver y contar que pasa del otro lado, pero ya que no se puede, pues hay que tomarlo como viene, no queda otra que seguir con la intriga, como Tú muy bien comentas.
De todas maneras, es mejor seguir escribiendo mientras tanto para que le vayamos perdiendo el miedo.
Besitos de Luz, para tu bella alma. Te quiero mucho.
Amiga-Hermana,juntas nos potenciamos jaja, (al menos como MAMÁ y ABUELA).
ResponderSuprimirBesos
María Rosa Leoni
Hermosa manera de abordar el temido tema de la muerte, siendo lo único que tenemos seguro en cuanto nacemos,
ResponderSuprimirpero una vida que acaba sonriendo es verdaderamente hermosa.
Me gustó como has enfocado el texto, te felicito amiga, besos.
Querida Rosita, primero que nada felicitarte,por tu gran capacidad de escribir y plasmar tus buenísimos trabajos, tienes un gran talento, y ahora paso a decirte, que morir tenemos que morir, lo mismo que nacemos morimos, en esta vida, nacen miles de vidas cuando otras tantas en el mismo momento se esta apagando,yo no quiero pensar en esto, pues
ResponderSuprimirprefiero que tarde mucho aun la pelona, como le dice mio madre, a la muerte que tarde mucho en venir, pero si tiene que llevarme, que me duerma y ya no despierte y si es con una sonrisa como en tu lindo relato mejor, ay un refrán que dice el casamiento y la mortaja del cielo
baja, a sique cuando dios lo quiera, besitos mi linda amiga.
La muerte...la contrapartida de la vida...Pródico de Ceos decía:"No le temo a la muerte porque cuando yo existo, ella no existe y cuando ella existe, yo ya no existo". Para mí no es así...Pero sí tuve la experiencia el 3 de junio de 2007, internada con una infección muy grave, de sentir que mi cuerpo se desprendía de mi cuerpo; una parte quedaba en la cama del sanatorio mientras la otra parte de mí era como que se iba yendo para atrás y se suspendía en el aire y yo era consciente de mis dos realidades, la que veía quieta, como dormida y la que se iba; pero en ese momento se me presentaron toda mi familia y todos mis amigos (muchos católicos, pero también mormones, testigos de Jehová, judíos,evangelistas, un agnòstico, ateos) que estaban pidiendo por mí y tanto AMOR palpable es como que me hizo regresar...¡y aquí estoy aún!Es algo muy extraño y no es fácil explicarlo...pero fue así...y la Paz que me dejó esa experiencia es muy superior a mi forma de ser de siempre , calma y tranquila.Espero que cuando vuelva la muerte me halle con una sonrisa, como a la protagonista de tu relato.Muy buen cuento. Felicitaciones. Un beso. haydée
ResponderSuprimirTambién quiero agregar que, dos amigas que estaban conmigo cuidándome llamaron a mi hijo mayor que estaba en la sala de espera porque me sentían muy fría y éste corrió a llamar a mi médico que vino urgente...y me dicen que hubo corridas de médicos y enfermeras...pero yo de todo el movimiento que se generó por mí no soy consciente...sólo de la imagen yéndome y de los rostros de mis familiares y amigos rezando por mí...y del "sentir" que me querían.
ResponderSuprimirGracias chicas por tan dulces comentarios, y a ti Haydée, esa experiencia vivida nos hace creer en que otra existencia es posible.
ResponderSuprimirBesos amiga!
María Rosa Leoni
Para la protagonista, la muerte fue su liberación de esa horrible enfermedad. Mª Rosa, en tu escrito nos hablas de ambas cosas con gran naturalidad. Buen trabajo.
ResponderSuprimirBicos. Yoyi